16 mar. 2017

Nos besamos


Nos besamos en el taxi.

El reloj marcaba casi la media noche. Era nuestra primera cita. Cenábamos un postre: hojaldre relleno de ate con queso y dos tazas de té. A las 23:45 exactamente, el mesero -somnoliento y enfurruñado- nos llevó la cuenta a la mesa. 

-"Ya nos están corriendo", te dije al oído con sorna. Tu sonreíste, bien cómplice. "¿Nos vamos?", pregunté. Y nos fuimos.

Tiritábamos. La noche era fría y húmeda. Cogimos un taxi, y nos cogimos entre brazos sobre el asiento trasero.

-"Me estoy helando...", te dije. "Mira, hasta me tiembla el cuerpo". Tú sonreíste de nuevo, y me pusiste las manos en la cintura. Tu cabeza, la recargaste sobre mi pecho; tus muslos, en mis rodillas.

Hablábamos de cualquier cosa en el camino, tan sólo para matar el tiempo. El chofer del taxi era un hombre anciano. Éste, acaso motivado por una tierna añoranza de amores viejos -o el gozo sexual voyerista propio de la senectud- encendió la radio para nosotros en busca de alguna balada melosa. Tal fue su tributo místico y freudiano al Hijo de Venus. "Alea iacta est...", me dije, para darme valor; y, prendiéndote la barbilla con las manos te planté un beso en los labios. No había marcha atrás. "Ahora, o nunca...", pensé.

Tú me aceptaste en tu boca. Como un bosque acepta la lluvia. Como el mar, al riachuelo. Y nos tocamos suave y brevemente entre besos húmedos y calientes; con las flores del rostro bien abiertas. Mas sólo un par de veces, nada más: sólo fue un par de cielos que nos dimos. "Benditos los primeros de besos, y bendita tú entre las mujeres...", cantó mi alma.  

La noche era fría y húmeda. Palpitábamos. Nos besamos en el taxi. Te dejé en la puerta de tu edificio. Le di una generosa propina al taxista. Y tomé el trolebús de regreso a casa.  

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10 mar. 2017

παράδεισος

παράδεισος

Respondo a tu pregunta de ayer:

Quiero descubrir tu sabor, poco a poco:
el sabor de tu lengua
y de tus labios, en mi boca.

Luego, el sabor de tu espalda,
y el sudor de tu mar.
Te quiero navegar con las manos,
hasta el fondo.

Luego, morderte los pechos
mientras te agarro la cintura. Así,
para saber a qué saben tus suspiros.

Y, finalmente, saborearte el sexo.
Para volverme loco de amor,
borracho de ti, de tu olor y de tu ser;
y entonces penetrarte...
entrar en ti, como quien entra al paraíso.

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3 mar. 2017

Tócame

Tócame

Tócame con fuerza, cuerpo
de huracán. Ven y arráncame
el aliento como siempre
con tus labios y ese beso
que me niegas, niña mía.

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