16 may. 2017

Angustia


Uno experimenta cierta angustia naturalísima frente al (a lo) infinito y eterno. Porque nosotros sólo conocemos la realidad de a poco: en trozos; relativamente; sobre la base acotada e ineludible de nuestros propios linderos biológicos y culturales. Por eso, frente a Dios -y la certeza de la existencia del Bien, la Verdad y la Belleza- cualquier elucubración queda corta: se siente tunca e incómoda; honestamente falaz. "Como que uno va y anda por ahí balbuceando no sé qué tanta estupidez...", confieza uno, frente al espejo.

De ahí, la angustia neurótica de Tomás: "Señor, si no sabemos adónde vas (de qué estás hablando, ni qué o quién eres, o a dónde nos guías), ¿cómo vamos a conocer el camino?". Y la insistencia ansiosa de Felipe: "Señor, muéstranos al Padre (sé claro; no hables en metáforas; danos una señal; danos certeza material), y eso nos basta...".

...

No hay comentarios:

Publicar un comentario